CONTRA EL SISTEMA DE GOVERN INSTAURAT A ALMACELLES

OCLOROCRACIA

El seu objectiu es mantenir el seu poder personal mitjançant la accio demagogica per a guanyar el recolçament popular, mitjançant la apropiacio i manipulacio dels mitjans de comunicació de les institucions democràtiques promovent la ignorancia de la ciudadanía.


dijous, 10 de gener del 2008

¿QUE ESTA HACIENDO ALMACELLES CON SU TV?



En 1933, Hitler conseguía la ascensión al poder por vías totalmente legales; para ello se sirvió de las frustraciones de los alemanes para presentarse como el único capaz de reparar esas insatisfacciones. Pero pronto convertiría a la República en un régimen totalitario. Desde el punto de vista político, asumió todo el poder, acabó con la oposición (tanto la exterior como la del propio partido) y convirtió Alemania en un estado unitario y centralizado. En cuanto a la política social, se basó en el racismo o jerarquía de razas; los judíos fueron especialmente perseguidos.
Para alcanzar este poder (y posteriormente mantenerlo), Hitler utilizó
la información, a la que transformó en propaganda. Es así cómo la propaganda va a desempeñar un papel fundamental en el desarrollo y consolidación del nazismo (prueba de ello es que sólo unas semanas después de la ascensión de Hitler al gobierno se creaba el Ministerio de Propaganda, dirigido por Goebbels, tal como hemos venido mencionando en el desarrollo de este trabajo).
Para nadie es secreto el gran aporte del nazismo al campo comunicativo es que puso las bases de la propaganda moderna. Sus resultados hacen que se hable de la sociedad alemana de los años 30 y 40 como de una sociedad hipnotizada. Su finalidad era conseguir la identificación del partido con el estado, y, para ello, todos los medios de comunicación debían estar bajo el control estatal. También la prensa pasó a formar parte de ese orden propagandístico (aunque los periódicos siempre ocuparon un segundo plano con respecto a la palabra hablada). Welch habla de tres medidas para conseguir ese control y uniformidad de la prensa:
La primera se refiere al control de los profesionales y de los propietarios; así muchos periodistas y editores, y con ellos sus periódicos, fueron apartados de la profesión (aunque periódicos liberales de gran reputación, como el Frankfurter Zeitung, se mantuvieron para dar apariencia de pluralidad).
La segunda medida se refiere al contenido de la prensa, que se controló con directivas y las llamadas reglas de lenguaje. Las reglas de lenguaje eran directrices contenidas en breves instrucciones diarias del Ministerio de Propaganda y transmitidas a todas las redacciones de periódicos del país. Tan pronto como cada director había asimilado dichas instrucciones, estaba obligado a destruir todo rastro de ellas y a firmar una declaración jurada en tal sentido.
Finalmente, la tercera medida consistia en que la casa editora del partido se fue haciendo progresivamente con la propiedad de la inmensa mayoría de la prensa alemana.